Es raro la verdad cuando uno analiza las distintas maneras de reaccionar con las personas que quiere.
Me pasa que quiero mucho a alguien y de repente algo se quiebra, hace una herida en la relación que no la rompe, pero queda marcada, y quizás sí cicatriza, o tal vez se emparcha como si le pusiéramos una curita, pero lo importante es que siempre algo cambia.
Por lo general, cuando me pasa esto, la otra persona luego del conflicto o la discusión, ignora que halla algo mas profundo que la pelea o el conflicto en sí. Hay personas que no le dan importancia a lo que uno realmente le pasa, porqué se ofendió o porqué el trato no es el mismo que antes.
Siento que a veces doy todo por los que más quiero, y lo hago con gusto, con placer, pensando en las necesidades de cada uno, en cómo se debe estar sintiendo el otro, estar pendiente para que no le falte una mano, un hombro en quién apoyarse en los momentos buenos y malos. Pero al hacer esto, me doy cuenta que la mayoría de las veces me olvido de mí, de pensar qué es lo que yo necesito, qué es lo que quiero y a dónde estoy llendo, por pensar en ayudar a todos, menos a mí. Y cuando caigo en cuentas que llego el momento de pensar en mí, y me preocupo por mis propias problemáticas, es cuando de repente freno, pienso, miro a mi alrededor y me doy cuenta de quien me acompaña, de quienes son incondicionales para mí, pero al mismo tiempo, me duele darme cuenta que a la primera persona que pensé que más le iba a importar qué me pasa no me llama, sino para contarme de ella, o hablar vanalidades, sin siquiera ocurrírsele si estoy mejor, que me pasa, etc. Es triste.
En este momento es cuando me doy cuenta que quizás mi forma de tratar de acompañar a los demás, de ver que necesitan es como me gustaría a mí ser tratada. Debe ser culpa de mi sensibilidad, pienso, pero al fin y al cabo lo siento, y duele mucho. Y de repente de todo ese amor que le tenías a cierta/s personas parece desvanecerse y teñirse de bronca, de malestar, es una mezcla de dolor con enojo que por más que entienda que todos somos distintos, y no todos reaccionan como nos gustaría que lo hicieran con nosotros.
La pregunta es qué hacer con eso.
¿Lo hablo? ¿Se lo digo? ¿Gano algo?
Sinceramente, NO SÉ.
Por lo general, soy una persona bastante franca, que no tiene muchos pelos en la lengua y no me molesta dar mi opinión, pero cada uno tiene sus límites, no es cuestión de decir cualquier cosa tampoco, pero siento que hay veces que hay cosas que prefiero no decir, porque si el otro no se dio cuenta sólo de lo que debía hacer, prefiero que las cosas queden así porque de lo contrario siento que lo haría por obligación, o porque yo le dije, sí, está bien, no me viene bien nada, jajaj pero creo que no hablo solo por mí cuando digo que uno prefiere que las cosas les surjan a los demás en vez de que uno le diga como le gustaría que reaccione. Algunas veces está bien, pero no siempre.
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